martes, 24 de abril de 2012

Para situarnos en el ámbito que va dirigido este proyecto se muestra que el término "síndrome del emperador" se emplea cuando un niño muestra un comportamiento hacia los padres caracterizado por una actitud general de hostilidad y oposición, en la que existen incidentes continuados de insultos, vejaciones, amenazas y/o actos de violencia física hacia uno de los padres o los dos, normalmente hacia la madre. Este síndrome trata de un trastorno que en la mayoría de los casos, lo sufren los niños cuando existe una carencia educativa, son niños con un carácter violento, gritan, insultan a los padres y logran controlarlos e imponer sus exigencias. A medida que crecen, el síndrome se hace más evidente y puede derivar en maltrato y agresiones físicas, aunque hay que decir que en algunos casos los niños ya pegan desde pequeños, se comportan como verdaderos tiranos, es un síndrome complejo y profundo en el que los padres, sin querer, pueden participar activamente. Las denuncias de padres contra hijos por maltrato, amenazas y violencia verbal, física y psicológica se han multiplicado por término medio, y el fenómeno de los hijos violentos va en alza. Los datos del Ministerio del Interior reflejan que más de 5.500 padres denunciaron entre enero y septiembre de 2005 a sus hijos por malos tratos en el ámbito familiar y hubo casi 5.000 órdenes de internamiento en distinto régimen, según consta en la Memoria Anual de la Fiscalía General del Estado. En el año 2006, hasta el mes de abril se han contabilizado 2.070 denuncias interpuestas por malos tratos en la familia cuya autoría corresponde al hijo/a. Estas causas tienen un origen, el cual se puede dar a lo largo de la vida mediante una educación familiar demasiado permisiva, tolerante y sin límites, o bien por hechos concretos que hayan afectado bruscamente a la actitud de esta persona. La señal de alerta se produce cuando muestran satisfacción imponiendo sistemáticamente su voluntad, cuando chantajean con escenas en escenarios públicos o delante de otros familiares, cuando interiorizan el primero yo y luego yo. En toda familia se deben definir las reglas y los límites entre el subsistema conyugal y el subsistema parental, dichos límites permiten proteger los dos subsistemas y evitar que un niño intente salirse con la suya siempre que lo desee. Llamar la atención, intentar controlar la situación, obtener todo lo que desean, estas son algunas de las metas de quienes padecen el síndrome del niño emperador. Puede parecer fácil pero no lo es, lamentablemente las familias han evolucionado, la democratización familiar, los cambios de la estructura de la familia (familias divorciadas, monoparentales, reestructuradas)… un conjunto que forma un cóctel que ha eliminado el modelo patriarcal del subsistema parental. Los especialistas psicólogos y pedagogos debaten si el “síndrome del emperador” es debido a carencias educativo-formativas y a la falta de afectos de los padres desde el seno familiar o si hay factores genético-hereditarios biológicos, principalmente de naturaleza psicopática, que resulten determinantes. Esto es, la psicología y la pedagogía se cuestionan si simplemente son niños caprichosos, malcriados, a los que nunca se les ha negado nada, o existe un trasfondo emocional cromosomático. La mayoría de los especialistas se decanta prioritariamente hacia la explicación de la carencia educacional desde el hogar. Normalmente, cuando los casos son concretos, como la muerte, ingreso en prisión… de algún familiar cercano se suele dar que en la niñez ocurre algunos de estos hechos que desestructura a la familia, esto afecta al niño que en ocasiones se ve muy afectado y desamparado por sus familiares más cercanos, lo cual hace que en la adolescencia exprese de manera inadecuada carencias que sufrió en el pasado. El punto clave se da en el transcurso a la adolescencia, donde el individuo presenta las siguientes características: -Tienen un sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor les atiendan. - Tienen una baja tolerancia a la incomodidad, especialmente a la causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento, la demora o la negación de lo que han pedido, que normalmente la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia. - Tienen escasos recursos para resolver problemas o afrontar experiencias negativas. - Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo. - Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, al tiempo que esperan que sean otros los que les solucionen los problemas. - No pueden, o no quieren, ver el modo en que sus conductas afectan a los demás y frecuentemente carecen de empatía. - Piden, piden y piden. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas. - Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus actos. - Discuten las normas y/o los castigos. Tachan a los padres de injustos, malos, etc. Si hacen eso debe ser porque les trae alguna compensación (ante el sentimiento de culpa, los padres ceden y otorgan más privilegios). - Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo el mundo. Y cuanta más se les da, más reclaman. - Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad. - Se sienten permanentemente tristes, enfadados, ansiosos y/o emocionalmente frágiles, y frecuentemente tienen una baja autoestima. - Cumplen los criterios de algún trastorno conductual o mental grave, aunque no se encuentren alteraciones biológicas, fisiológicas, del desarrollo o genéticas ni ningún otro motivo observable o evaluable que explique las dificultades que presentan.

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